Criticidad, cuidado de sí y del otro:

Apuntes sobre disciplina, empatía y diálogo en la relación docente-alumno.

30 enero 2014

Prof. Lic. Adriana de los Santos

Según reza el reciente informe “PISA in Focus” de enero de 2014 en sus páginas 3 y 4[i], el ausentismo escolar que se registra en los liceos podría reducirse con la ayuda de ambas instituciones, escuela y familia, ayuda que debiera enfocarse a mejorar el grado de involucramiento de los chicos en el trabajo liceal.  Se mencionan allí tres grandes agentes depresores del indicador en cuestión: primero, mejor clima de disciplina en la escuela; segundo, mejor empatía docente-alumno; tercero, mayor diálogo familia-alumno. En cuanto a la empatía docente-alumno, el informe refiere a aspectos tales como “llevarse bien” con los profesores, el “interés” de los docentes en el bienestar de los chicos, la “escucha verdadera” a sus inquietudes y el “trato justo”. Acerca del tercero, informa que el ausentismo previo a la prueba se redujo en aquellos alumnos que manifestaron haber tomado una de las comidas grandes (almuerzo o cena) con su familia. Más allá de que me sorprendió el interés prestado a un aspecto que en general aparece como “lateral” a la hora de dar datos sobre educación –me refiero al hecho de comer en la misma mesa-, me interesa subrayar este aspecto ya que quisiera discutir brevemente las ideas de disciplina, empatía y diálogo a la luz de la bibliografía y conceptos trabajados en mi artículo anterior Ensayo sobre pensamiento crítico, educación y olvido de sí[ii] A propósito de éstos, transcribo un párrafo de dicho ensayo:

“Si las instituciones democráticas no son capaces de dar lugar al decir veraz y hacer intervenir la parrhesía tal y como ésta debería hacerlo, es porque les falta algo (…) lo que podríamos llamar “diferenciación ética”” (Foucault, 2010: 51) La construcción de un pensamiento crítico conlleva entonces un trabajo en sí, una meditación sostenida acerca de nuestra vida en sociedad, de nuestros vínculos, de los modos en los que resolvemos los conflictos y del movimiento de la vida misma en el devenir de la historia. Así, la ilustración es parte del cultivo de sí, el cuidado de sí y de los otros. (de los Santos, 2012)

Sin disciplina no hay criticidad. Si queremos ciudadanos críticos necesitamos proveer marcos de disciplina, tanto en la escuela como en la familia. Es interesante observar cómo la OCDE, a través de las pruebas PISA, pone sobre el tapete aspectos cualitativos de esta índole, los cuales no siempre forman parte de la discusión de “lo educativo”. Pareciera ser que lo que siempre importa son los logros en contenidos, la adquisición (o no) de ciertas competencias, los porcentajes de aprobación, cuántos dejan el sistema y cuántos permanecen. Además, siendo que no ha sido fácil encontrar consensos a la hora de hablar de disciplina en las décadas de “destape” post-dictadura, es bueno que aparezca esta información y se haga pública para poder de alguna manera (re)instalar un debate que involucre la discusión filosófica acerca de qué y cómo educar. En la misma línea, se introduce la necesidad de empatía docente-alumno y diálogo familia alumno.

La disciplina, la empatía y el diálogo son ineludibles a la hora de reconocer y reconocerse dentro de un núcleo social ya que somos y crecemos con otros. Parece de Perogrullo ponderar las bondades de la construcción de vínculos sanos, cuidantes y amorosos dentro y fuera de la escuela pero, dada la carencia evidente de éstos puesta de manifiesto en resultados estadísticos de la seriedad y prestigio de PISA, queda develada una realidad árida que es necesario abordar. La “diferenciación ética” que propone Foucault, puesta en práctica a través del ejercicio del acercamiento a la parrhesía (decir veraz) constituye un camino de salida digno de ser transitado en educación. Cultivar una sana disciplina en la que alumnos y docentes encuentren contención espiritual –siempre refiero a un espíritu racional– es un derecho y una obligación de toda la comunidad educativa. Para esto, es necesario sincerarnos y aceptar que el olvido de la práctica de sí en educación está teniendo un costo demasiado caro para el Uruguay.

Dice “Pisa in Focus” que aquellos chicos que manifestaron haber tomado el almuerzo o cena con su familia en los días previos a la prueba son aquellos que se ausentaron menos. Qué figura tan simple y tan representativa para mostrar la complejidad de la más básica red vincular en la que el sujeto aprende a saber de sí: dos (o más) sujetos alrededor de una mesa aprenden a mirar a los ojos, a preguntar y contestar, a tomar turnos, a recorrer el día y meditar sobre lo ocurrido, a identificar conflictos y buscar vías de resolución, a compartir “lo tuyo” y “lo mío”, mi logos y tu logos, a saber de ti y que sepas de mí. ¿Qué es todo esto sino empatía, diálogo y disciplina? Tal vez conviene meditar si no es necesario empezar por cultivar las células más pequeñas para que fructifique el órgano más grande, y si es posible una educación de sujetos críticos fuera de una cultura de cultivo de sí, escucha atenta y decir veraz.


[i] “PISA reveals that schools and families can help to reduce truancy rates by fostering student engagement with school. On average across OECD countries, students who attend schools with a better disciplinary climate are 5% less likely to report that they had skipped classes or days of school during the two weeks prior to the PISA test. And when comparing students with similar performance in mathematics, students who reported that they get along with most of their teachers, that most teachers are interested in their well-being and really listen to what they have to say, that they will receive extra help from their teachers, if needed, and that most teachers treat them fairly, are five percentage points less likely to have arrived late for school, on average across OECD countries, and four percentage points less likely to have skipped classes or days of school during the two weeks prior to the PISA test. In 8 of the 11 countries and economies with available data, students whose parents regularly eat the main meal with them are less likely to have skipped classes or days of school.” (PISA in Focus –2014/01 (January) © OECD 2014)

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