La inmortalidad de un espíritu vivo

Montevideo 2009

Coautoría:

Prof. Lic. Adriana de los Santos – Prof. Lic. Ma. Cristina González

Orienta la discusión y el ejercicio hermenéutico que presentamos la exclusión  académica del legado filosófico y pedagógico de Carlos Vaz Ferreira en los ámbitos de discusión educativa. Inspirados en Gadamer nuestro ejercicio hermenéutico “no presupone ni “neutralidad” frente a las cosas ni tampoco autocancelación, sino que incluye una matizada incorporación de las propias opiniones previas y prejuicios.”[1]

 

¿Tan molesta habrá sido la inquietud moral paradigmática de su tiempo que, de modo de poder encontrar un alivio ficticio, obturó el fulgor naciente de la generación del 900?

 

¿Qué espejismo filosófico satisfacía al mundo intelectual montevideano del 900

que su sociedad parasitada por el positivismo importado,

aún viendo la lámpara emancipadora a sus pies,

la ninguneó y no la frotó?

Palabras clave:

Fermento, espíritu, ética y moral vivas, espejismo, individualidad, nosotros con los otros, escucha atenta, pragmatismo, espiritualismo, diálogo.

La filosofía americana no tendría que haber sido la que construyó Europa…

…pero fue.

Germinó el ideario de afuera sin una construcción filosófica genuina desde adentro, sin un nacimiento autóctono, porque la filosofía de las luces presidió el convulsionado nacimiento de todas las naciones de Latinoamérica.

Fue la filosofía del positivismo con su orden y progreso, con la promoción del desarrollo científico, con sus valores y sus métodos, la que materializó la organización nacional, el aparato estatal. Nunca imaginaron los defensores del positivismo que una generación entera de intelectuales idealistas colocaría la piedra angular de su superación, intentando abrirse camino en el acelerado y heterogéneo proceso filosófico del siglo XX.

“En 1896 se llevó a cabo una nueva y sustancial reforma en la enseñanza de la filosofía  (…) Reforma (…) que integró como figura eje, inspiradora y orientadora, un joven profesor (…) que habría de revolucionar la enseñanza de la asignatura y  llenar con su nombre toda una época de la filosofía en el Uruguay: Carlos Vaz Ferreira. La reforma del 96  fue la repercusión del gran renacimiento filosófico de fines de siglo, surgiendo impregnada de su mismo espíritu de libertad y de universalidad.” (Ardao, 1950: 194)

¿Cómo podía florecer el sentimiento, el amor, la espiritualidad y la vida misma, dentro de un paradigma que aseguraba la perpetuación del status quo?

La piqueta positivista arrasó con las antorchas de la ética y moral vivas, así como de la filosofía emancipadora de Vaz Ferreira. Si éstas se hubieran mantenido encendidas, la llama de la inclusión, la diversidad y la democracia habrían arrojado lumbre más allá de la teoría y el discurso, y seguramente habrían abrigado una praxis pedagógica más atenta a lo humano, a la identidad y a la singularidad.

¿Acaso no ha estado la filosofía en nuestra América encadenada a los procesos históricos de dependencia por los que ha transitado?

 

Qué raigambre tuvo el goce de los espíritus intelectuales del 900?

En un tiempo de Universidad positivista, de clases ilustradas munidas del arma práctica que ejecuta con el método científico,  un grupo de libre pensadores opuesto a esta línea filosófica, cuyo ideario porta un cuño espiritualista metafísico, espera al acecho preparando la embestida que luego materializarán Vaz Ferreira, Rodó, Reyles y Figari.

El caudaloso ideario del 900 proviene de la evolución del viejo apego a la fe tradicional que devienen en el posterior aferramiento a la divinidad racional; del racionalismo teísta transformado en deísta hasta llegar al ateo y agnóstico. Orienta el recorrido de este contexto histórico la obra de Arturo Ardao.

La influencia originaria fue la de España, como que procedía de ella la escolástica colonial; influencia que se extendió más allá de la Independencia, durante la primera mitad del siglo XIX (…) Se entremezcló durante el ciclo revolucionario la francesa de la filosofía enciclopedista, continuada después de la revolución por la ideología y el sansimonismo.” (Ardao, 1950: 9)

Detengámonos tan solo un instante en la etapa pre-independencia y esbocemos algunas pinceladas de la Historia general del Uruguay que aportan a nuestro trabajo, como raíces del acontecer que nos ocupa. En lo político-militar tiene talante liberador la actitud de los Próceres de Mayo y las posteriores Instrucciones del año XIII de Artigas. En lo pedagógico-cultural, la Escuela de primeras letras de Purificación, la escuela gratuita del Cabildo reabierta, la inauguración de la Biblioteca Nacional y la apertura de la Casa de Comedias. La república todavía embrionaria va preparando el alumbramiento de sus bases de pensamiento a través de los ideales artiguistas de emancipación y el posterior aporte de Dámaso Antonio Larrañaga.

En la segunda mitad del siglo XIX la inteligencia y conciencia espiritual nacional de se funda sobre los pilares del positivismo y el espiritualismo: el primero como gran movimiento reaccionario contra la metafísica y embanderado en la ciencia de la naturaleza y la técnica; el segundo oponiéndose al primero como correntada liberadora. Los defensores de éste último no llegaron a comprender las profundas razones históricas a que la que la corriente positivista respondía –las necesidades que venía a satisfacer- y el dique con que quisieron contenerla fue fácilmente rebasado..”(Ardao, 1950: 117)

El positivismo liberó al Estado de la pesada carga del desorden y la revuelta, utilizando como insumo la educación que “destruye los males de la ignorancia y disminuye los crímenes y los vicios” (Varela, 1874: 43-70). El espiritualismo se enraizó en aquellos que, habiendo mamado de aquél, encontraron el goce que da el libre pensar.- Por ejemplo, vemos en las conferencias de Vaz Ferreira una invitación al diálogo socrático acerca de las cosas cotidianas, de cómo caminar por la vida de manera ética deviniendo en seres atentos que podamos detectar las falsas oposiciones con una manera de pensar consigo mismo y con los otros. Al decir de Yamandú Acosta:

“Se trata…de un modo de pensar que, sin descuido de quien lo ejerce, se ejerce también para otros y pretende ejercerse con otros. En efecto, para Vaz Ferreira la misión del filósofo no es solamente bien pensar. (…) Es también misión del filósofo enseñar a bien pensar, enseñar a bien sentir y enseñar a bien actuar.”   (1996:154-157)

Así va plasmando una manera  de ver el mundo exhortando como Sócrates  a retomar la epimeleia heautou (“inquietud de sí mismo”)  junto al gnothi seauton (“conócete a ti mismo”) que por largo tiempo estuvo vigente en toda la cultura griega. En ese modo de pensar vazferreiriano nos parece leer: “[…] Uds. se ocupan de un montón de cosas, […], pero no de Uds. mismos.”  Y  dialogando con ellos nosotros diríamos: “Uds. se han venido ocupando de lo general y externo en lugar de ocuparse de lo particular e interno.”

El Maestro de conferencias tuvo vínculos con filósofos destacados de otras partes del mundo, Agustín Courtoisie alude a ellos en el cincuentenario de su muerte expresando que en el año 1915

“dicta numerosas conferencias, entre ellas las dedicadas a dos de sus filósofos favoritos: Friedrich Nietzsche y Henri Bergson. También los filósofos se ocupaban de Vaz Ferreira: Miguel de Unamuno [se refiere] al filósofo montevideano en La Nación de Buenos Aires con estas palabras: `Vaz Ferreira, Rodó y Zorrilla de San Martín constituyen una terna que honraría a cualquier país culto´. Y en carta a José María Salaverría, más sinceramente agrega: `No conozco sino un hombre de veras sólido (en Sud América), y él es uruguayo. No, Rodó no. Es artificial y rebuscado. Es Vaz Ferreira´.”

Mostró su oposición al sistemático uso del método científico para analizar los problemas del accionar humanos dado que dicho análisis será siempre imperfecto dada la precariedad original del ser mismo.

Vaz Ferreira en toda su obra filosófica y pedagógica invita al abordaje de la verdad “manipulando la materia”  con amplio respeto por las ideas y sentimientos con los que no acordemos por verlos diferentes, con una escucha atenta y un espíritu abierto; podemos ver en su constante llamado al respeto por lo otro,  el germen de lo que recién al final del siglo XX   se incorpora en la educación como la  atención a la diversidad.

Y así transcurrió su vida por entero entregada a la pedagogía  espiritualista. No obstante, su hija Sara ha indicado que su padre tomó el camino de la docencia como medio para subsistir  y lo expresa diciendo:

“Concilió, con sacrificio, su actividad intelectual (…) canalizando, parcialmente, hacia la actividad retribuida, una de sus inclinaciones, la pedagógica, alta sin duda alguna, pero no de la jerarquía del alto trabajo intelectual.” (Vaz Ferreira, Sara en Romano, Antonio, 2008).

No acordamos con la mirada disociativa entre ambas actividades intelectuales planteada por su hija y menos aún con la desvalorización que realiza de la actividad docente frente a la intelectual. Probablemente sus manifestaciones fueron eco del sentir de una época y quizá el de su padre, pero aún si así hubiere sido, si realmente Vaz Ferreira no veía que en su performance de  Maestro de Conferencias estaba volcando todo su pensar filosófico y su hacer pedagógico dejando un fecundo acervo para las generaciones siguientes, entonces en ello podríamos decirle: Maestro Ud. –en eso- estaba equivocado.

 

Vaz Ferreira,

intelectual del borde propiciando una mirada hacia el centro.

¿Por qué si aún muerto Vaz Ferreira su ideario se nos aparece como un diamante en bruto, su luminosidad no fue absorbida por el discurso hegemónico del novecientos?

Tal vez convenga seguir pensando sobre la base de las siguientes preguntas :

¿Convenía al Paradigma Hegemónico del novecientos despejar el camino y permitir el goce de la libertad de pensamiento?

¿Qué tipo de sujeto surgiría a partir de un ideario tan emancipador como el vazferreiriano?

¿Podría éste convivir armónicamente con los otros dentro del “establishment”?

¿Qué Historia es la que se cuenta? ¿Cuál es el discurso que se transmite a las nuevas generaciones?

¿Qué modo de pensar habilita un estado sistematizador? ¿Soporta la existencia de múltiples órdenes, tantos como sujetos existan? ¿Admite éste más de un cuerpo de ideas, más allá del paradigma dominante?

¿Qué surge del fermento de ideas que el maestro ofrece amorosamente como “levadura” fresca? ¿Es previsible la forma de cada pan?

La producción de pan será siempre original

desigual,

subversiva,

impredecible,

revolucionaria…

 incontrolable.

 “Los cincuenta años de su desaparición física se prestan mucho para los discursos de circunstancia, tanto como para los ninguneos displicentes de la academia, entretenida con los últimos bizantinismos de moda. La decisión de las autoridades de gobierno de homenajear en el Día del Patrimonio y durante todo el año 2008 al autor de Lógica viva, y las actividades previstas por numerosas instituciones culturales y educativas no estatales, deberían dejar a un lado aquellos dos extremos retóricos. Y deberían permitir celebrar la genialidad de este montevideano que pensó con cabeza propia, desde fines del siglo XIX, hasta pasada la mitad del siglo XX.” (Courtoisie, Agustín. La vuelta de un grande. El País digital. 23/05/08)

Una propuesta pedagógico-ética: Los parques escolares

Su propuesta aún incluye, libera, invita a aprender a vivir juntos para construir una sociedad donde la ethos  genere seres verdaderamente humanos.

El hilo conductor de su obra pedagógica  fue el cuidado del otro y principalmente de los niños, así en 1927 propone  escolarizarlos en los parques escolares.

“Bien. Supongamos que los niños de “una ciudad” -sea de ésta – salen mañana de sus casas como para ir a la escuela. Y por allí cerca encuentran, no una escuela (ahí, en la misma ciudad) , sino un tranvía que los lleva a un gran parque donde están las escuelas “urbanas.”

De tarde, el tranvía los vuelve a traer a la ciudad.

“Et…c´est tout”

Inmediatamente alerta a sus interlocutores de la diferencia entre su planteo y los existentes:

“Ese es el mal entendido”. El que no deja “ver” mi proyecto. No: no es eso:

Lo que se hace en muchas partes, y se preconiza en todas (y es, por lo demás, excelente; pero es otra cosa), es esto: escuelas en el campo”, o escuelas en el campo “para niños que se llevan a vivir al campo”. Se instala una escuela en el parque público, o en una palabra, para los niños “que viven allí alrededor”: o bien “se mandan” grupos de niños a una floresta, a una playa (niños enfermos, o niños tutelados por el Estado, expósitos, anormales, lo que sea), o a hacerlos vivir allá en internados), colonias, etc).

Lo mío sería osta otra cosa, distinta, y simplísima: la escuela en campo, “para los niños de la ciudad “

Vaz Ferreira educó a sus hijos en su casa quinta del Prado porque para él “La escuela principal está afuera, está entre los árboles, está a la luz, está al aire” y como no quiere para los hijos de los demás lo que no quiere para sus hijos, frente a la propuesta pedagógica existente en la que había “lecciones exclusivamente intelectuales [y] parodia de ejercicios físicos” propone, para los hijos de todos, la educación en parques escolares en los que habría una verdadera educación física, con juegos y deportes y “con… trabajo de hombre, es decir aquello que el trabajo tiene de más general y de más humano. […] porque la educación del trabajo  es a la vez física, intelectual y moral.” (Vaz Ferreira,; 1957, tomo XVI: 184)

Si bien habíamos visto el germen griego en su propuesta general aquí se distancia de la cuna de la cultura occidental ya que no sólo no desprecia los trabajos manuales sino que los exalta y dignifica.

Vaz Ferreira propone instalaciones sencillas en un gran terreno suburbano, en lo posible ya en parte plantado ubicado en las inmediaciones del Prado en los que se complementarían las plantaciones de manera alegre, libre, “interactuando con la naturaleza”, “manipulando la materia” y apropiándose del conocimiento sobre ella, desde ella y con ella junto a los otros, a través de un proceso de investigación y trabajo solidario. Se dignificaría el trabajo con el otro ya que “todo hombre para ser hombre tiene que saber hacer lo más humano y lo más general del trabajo. Tiene que saber trabajar la tierra, tiene que saber cavar, tiene que saber plantar, cultivar lo más elemental, tiene que ser un poco carpintero…menejar la azada…un hacha, un serrucho. Eso produce el hombre completo, y sin eso no se puede producir el hombre completo.” (Vaz Ferreira; 1957, tomo XVI:187)

Jesualdo – uno de sus mayores críticos- vio lo potente de su proyecto y lo respaldó, pero los burgueses que tenían el poder para viabilizarlo lo veían comos una amenaza para la clase social a la que Vaz Ferreira pertenecía…no prosperó… no existían fuerzas sociales capaces de llevarlo adelante….no era aún su momento de florecer…quedaría “mal muerto”…

Adherimos a su enfoque de educación integral, consideramos que se adecua al siglo XXI –con los ajustes pertinentes en función del desarrollo tecnológico.

Si apuntamos a un Uruguay productivo con igualdad de oportunidades educativas que apunte a disminuir la deserción (para nosotros exclusión) sería imprescindible instrumentar proyectos educativos que aborden el cuidado de su físico, su intelecto y su hacer.

Las Aulas Comunitarias serían un campo fértil para comenzar a implementar una propuesta de ese orden. Hemos trabajando en una de ellas y pudimos ver que reproducen el mismo modelo que los había expulsado.

¡Nuestros niños y jóvenes tienen el derecho a  “mirar por encima del muro”! Vaz Ferreira puede ofrecerles la escalera para hacerlo; al subirse quizá podrían ver la lámpara, y, seguramente su natural curiosidad los llevaría a frotarla…..entonces saldría el genio del respeto, la ética y el saber vivir.

 

Una propuesta ético-pedagógica

 

La ética vazferreiriana es una ética viva que impulsa espíritus despiertos.

Sentidos abiertos, educados a través de la razón y el sentir.

Oídos que ven, ojos que gustan…

…paladar que oye y manos que huelen.

 

Un ser holístico que vibra con el logos.

 

El arte de vivir vazferreiriano es la constante práctica del cuidado del otro a través de la escucha atenta y la genuina receptividad de la diferencia. Es el crecimiento continuo de cada ser en diálogo con el otro.

dia / logos –abiertos a que nuestros logos se atraviesen el uno al otro.

Una visión del ser que se regodea en la infinita riqueza de la singularidad. Un enfoque que invita a comprender el mundo más que a explicarlo, a liberarnos de las cadenas de los dogmas que encarcelan, aprendiendo día a día a volar con nuestro pensamiento, en pleno goce de nuestra libertad.

Vaz Ferreira vive filosofando. Enseña con su vida. Su filosofía es pedagogía. Es una pedagogía que pretende trabajar el registro humano que reconoce dentro de sí mismo el buen hacer y el buen pensar. Es una pedagogía de moral viva.

Reconocer con humildad la perfectibilidad eterna del ser y hacer de la duda moral una tecnología del conocimiento de sí, en pos de un constante crecimiento espiritual. Educarnos en la concientización íntima de la moral, alejada de las imposiciones externas de cualquier dogma.

En acérrima oposición a la prisión del positivismo cerrado, Vaz Ferreira nos lleva por el camino de la interpretación del “verdadero sentido de la inquietud humana – a no agregar a los dolores y horrores inevitables, el dolor y horror supremo del pesimismo moral.” (Vaz Ferreira, 1963: 14)

El sentido del signo moral va en la dirección del amor y de la solidaridad. El buen vivir debe incluir la felicidad y el progreso, la razón y la cultura. La huella del hombre de ética superior no es rígida, tiene las inflexiones que le imprime la vibra de la duda. Es un hombre de espíritu, moral y ética vivos.

“Creer saber sólo lo que se sabe; dudar de lo dudoso; saber que no se sabe, o que se sabe mal en todo caso, etc. (sinceros hasta con nuestros ideales y hasta con nuestras esperanzas), no sólo es lo más verdadero -en verdad subjetiva: en sinceridad interior- y no sólo es lo más limpio y puro, sino que es pragmáticamente lo mejor (a pesar de cierta aparente lógica). (Vaz Ferreira, 1957: 27)

Una propuesta ética dinámica, el arte de estarse atento a todos los resultados del actuar, concientes de su imprevisibilidad. Ir de la mano del pensamiento racional ayudados por el instinto y la sensibilidad: ser hombres de pensamiento libre, pasibles de la duda, la vacilación y la crisis.

“Así, el sujeto con verdadera vida moral, duda y sufre; su vida espiritual es conflictual.

Y en cuanto a ciertos hombres que “sólo dependen de su conciencia”; ¡ah!, ésos, pueden ser los más temibles, cuando esa conciencia es poco sensible o cuando se va embotando o amaestrando. Con cualesquiera otros hay esperanzas. Con ésos, ninguna.” (Vaz Ferreira, 1957: 46)

Vivir robusteciendo el carácter, intentando encontrar el deber dentro de nosotros mismos, en una búsqueda permanente en nuestro interior, con la razón limpia, con los sentidos atentos, amasando el pan procurando que fermente la levadura.

La propuesta ético-pedagógica de Vaz Ferreira es invitación a la vida activa y a la crítica constante: es una invitación a abrir los brazos para dar y recibir.

“Hay maestros que dejan a sus alumnos, alumnos para toda la vida.”

(Vaz Ferreira, 1957: 158)


[1] (Gadamer, 1960: 336)

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By adrianadelossantos

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